Esmeralda: símbolo de esperanza Por Silvana Habib Daza

El esplendor y belleza de las esmeraldas ha cautivado a numerosas civilizaciones durante miles de años, fascinando con su intenso color verde, regalo maravilloso de la tierra. Se cree que la reina Cleopatra sentía una gran debilidad por las esmeraldas, por lo que fomentó la explotación de estas minas, las cuales, con el tiempo, se denominaron “Las Minas de Cleopatra”. Si prestamos atención a los extraordinarios mitos y leyendas de los indígenas Muzos, las esmeraldas son las lágrimas que derramó una indígena muisca llamada Fura por la pérdida de su amado Tena. A su vez para los alquimistas, es la piedra de Venus.

De estas piedras preciosas verdes, mágicas y misteriosas, las producidas en Colombia han sido insignia, convirtiéndose en símbolo de estética, elegancia y buen gusto. Nuestras esmeraldas colombianas, que tanto prestigio nos han dado alrededor del mundo, se diferencian de las demás por tener una saturación perfecta, un brillo único, un color más vivo, cualidades que las hacen famosas en el mercado internacional.

De acuerdo con la literatura disponible y el conocimiento que se ha podido generar a partir de la explotación de sus yacimientos, la especial calidad de las esmeraldas colombianas deviene de sus condiciones de formación, lo que las hace muy delicadas y le permiten poseer una fluorescencia natural. El contenido de cromo y vanadio en muchas de ellas es el ideal, lo que favorece que su color, juego de luz y brillo sean óptimos y muy valorados por los consumidores.

Las esmeraldas colombianas presentan inclusiones típicas que las diferencian de las esmeraldas provenientes de otros países. Las auténticas esmeraldas colombianas tienen sello propio por su formación hidrotermal, una característica única en el mundo. Actualmente somos el segundo productor a nivel mundial de esta piedra preciosa, luego de Zambia.

A partir de la información histórica sobre producción y de los estudios geológicos adelantados por las entidades técnicas del Gobierno Nacional, en el país se han identificado dos cinturones esmeraldíferos en la Cordillera Oriental de Los Andes, denominados cinturón Oriental y cinturón Occidental, ubicados en los departamentos de Cundinamarca y Boyacá principalmente, pero con pequeña influencia en el departamento de Santander. Allí se destacan los distritos mineros de Chivor, Gachalá, Macanal, Muzo, Coscuez, Peñas Blancas, La Palma-Yacopí y La Pita, de donde se extrae la producción nacional de esta piedra preciosa.

La explotación de las esmeraldas colombianas se realiza a través de operaciones subterráneas, las cuales en los últimos años se han venido modernizando y siendo tecnificadas, debido a la vinculación de compañías internacionales en algunos proyectos mineros en explotación, lo que sin duda permitirá mayor conocimiento geológico de los yacimientos esmeraldíferos del país, el establecimiento de nuevos recursos y reservas, el aumento en la producción nacional y de la calidad de nuestras esmeraldas en los próximos años.

La producción nacional de esmeraldas ha generado recursos por concepto de regalías desde 2010, por un valor aproximado de 40 mil millones, los cuales provienen en un 96% de esmeraldas talladas y  un 3% de esmeraldas en bruto, el resto de los recursos proviene de esmeraldas engastadas (0,5%), y piedras semipreciosas (0,5 %); por tanto, en los últimos cinco años el recaudo promedio anual de regalías derivadas de la producción de esmeraldas es de 6 mil millones de pesos, constituyéndose en el cuarto subsector generador de regalías luego de los subsectores del carbón, níquel y metales preciosos, aporte de recursos que muestra la importancia de este subsector minero para la economía nacional y para el desarrollo en las regiones productoras.

En cuanto a los municipios productores de esmeraldas, con la implementación por parte de la Agencia Nacional de Minería – ANM del Registro Único de Comercializadores de Minerales - RUCOM a finales del año 2016, se ha podido establecer el origen de las esmeraldas declaradas, encontrándose que el 81% de las esmeraldas en bruto provienen del municipio de Muzo, mientras que el 16% de Quípama, el 2% de Maripí y el 1% de San Pablo de Borbur, todos municipios de Boyacá. Gachalá y Ubalá en Cundinamarca, también han registrado producción de esmeraldas. 

La industria de las esmeraldas convive en Boyacá con otros importantes sectores económicos de la región. En el mismo departamento se producen también anualmente un promedio de 3 millones de toneladas de carbón, más de 300 mil m3 de materiales para construcción, además de toneladas de roca fosfórica, hierro y yeso. El himno de Boyacá menciona explícitamente sus esmeraldas como elemento significativo de su tradición.

Además Boyacá es ejemplo de minería responsable, sostenible, y amigable con el medio ambiente, compatible con otras actividades productivas en el mismo suelo, y que no afecta el normal desarrollo de las otras industrias, sino que por el contrario es jalonadora de las economías regionales.  Las hermosas esmeraldas le aportan fuerza, poder, y dinamismo a la economía boyacense, la piedra de la belleza es también una señal de esperanza para centenares de familias.

Del total de esmeraldas colombianas exportadas en 2016, un 47% salieron hacía Estados Unidos, un 26% hacía Hong Kong (China), un 12% a Tailandia, un 4% a Japón, y un 4% a Suiza, convirtiéndose en los cinco principales socios comerciales para nuestra piedra insignia.

Reiteró como lo he dicho en diversas ocasiones, la minería es una gran oportunidad para la paz y para Colombia. Tenemos un gran reto en el tema de formalización, pero sabemos que trabajando en equipo con las autoridades locales, y con los mineros, nuestras preciosas esmeraldas seguirán siendo símbolo de esperanza, patrimonio del nuevo país que juntos estamos construyendo, motor de desarrollo regional, portadoras de recursos fundamentales para garantizar la educación, salud, cultura, y bienestar de todos los colombianos.